Fernando Collado Rueda

"Cuando el propósito es volver a ser tu"

Amor Udrí

De como una canción, el amor imposible  y una leyenda árabe se mezclan con deleite.

Durante el verano de 1970 Eric Clapton grabó “Layla”. A poco que escuchen los primeros acordes reconocerán una de las mejores canciones de amor del blues/rock. La compuso tratando de conquistar a Pattie Boyd, entonces esposa de su amigo George Harrison, componente de los Beatles.  

Clapton, víctima de un amor imposible, pudo haberse inspirado en su paisano Shakespeare (Romeo y Julieta, s. XV), en nuestra Celestina (también s. XV) o en los numerosos poemas occitanos de amor cortés que surgieron  partir del s. XII. No obstante tituló su obra con el nombre Layla (ليلى) en honor a la protagonista de nuestra columna de hoy. 

El Amor Udrí nace en el s. VII al calor del desierto arábigo. Su nombre proviene de la tribu de los Banu ´Udra. Los poetas de esta tribu, de origen yemení, recrean historias de romances agónicos donde un chico, habitualmente de origen humilde, se enamora de una muchacha de posición social más elevada. Si hay en el mundo árabe una historia de amor que destaca por encima de las demás es la de Layla y su amado. 

Qays era un joven bereber que bebía los vientos por Layla. Sus familias eran rivales (¿les suena?) así que tenían prohibido materializar su pasión. La separación los va haciendo enfermar e incluso enloquecer hasta el punto que Qays cambia su nombre a Majnún (مجنون). Este detalle es importante por el simbolismo que encierra. Majnún significa “loco” y Layla “noche”. Así, los dos jóvenes van dejando escapar su vida hasta el punto que las familias, preocupadas por la deriva que va tomando la situación, permiten una cita entre ambos amartelados. En el claro de un bosque, a la hora convenida, tiene lugar el esperado encuentro. La noche y el loco se plantan frente a frente, prestos a fundirse en un solo ser mas en el último instante ambos enamorados tienen la certeza de que el mero hecho de tocarse puede poner fin al Amor Espiritual que han ido tejiendo. Deciden, al fin, seguir cultivando su pasión en la distancia, en los sueños, en sus corazones. Y cada ocaso pasean sus ojos por el firmamento con la esperanza de que se cruce con la mirada del otro.

A Clapton no debió convencerle el final de la historia así que perseveró hasta que, en 1979, Pattie y Eric contrajeron matrimonio. Harrison no debía ser un tipo rencoroso porque asistió de buen grado a la boda. Diez años después el matrimonio se disolvió entre duras disputas. Majnún y Layla aún miran al cielo.

Publicado en Diario de Almería el 16/02/21

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