Fernando Collado Rueda

"Cuando el propósito es volver a ser tu"

Guía para triunfar cobardemente

El auténtico cobarde se hace, no nace. Breviario para convertirse en la persona que nunca quiso ser.

Animado por el éxito en superventas que alcanzó el “Manual del perfecto indeseable” hoy les oferto una suerte de segunda parte. Existen a nuestro alrededor cierto número de fofos medrosos. Para ellos traigo, en esta ocasión, una guía que les hará más fácil desarrollar su faceta más pusilánime. 

Es importante, en primer lugar, saber qué tipo de cobarde quieren llegar a ser.

Tenemos al cobarde emocional, por ejemplo. Estos viven en un constante bloqueo que les impide tomar decisiones importantes en su vida. Aquí es fundamental practicar la técnica del avestruz y esperar a que suceda algo que, por sí mismo, modifique el curso de los acontecimientos. Si es su deseo pertenecer a este grupo simplemente déjese llevar. Permita que los demás tomen siempre la iniciativa, decidan e incluso, de forma más o menos velada, le arrebaten su dignidad. Esto es importante: si presencia una injusticia no tome partido jamás. El temor a ser también señalado debe guiar su conducta.

En segundo lugar podemos distinguir al cobarde institucional. Este se caracteriza por defender sus intereses personales a cualquier precio moral. Para desarrollar bien esta variante de bajeza moral es menester utilizar de escudo todos los mecanismos y personas que la institución le proporciona. Nunca hable si tiene algo que perder; nunca se exponga si puede sufrir alguna consecuencia, por mínima que sea. Utilice a otros y busque un lugar desde el que poder agredir sin que a usted le puedan tocar ni un solo pelo. Abuse de su autoridad siempre que pueda y por supuesto agache la cabeza y culpe a los demás si un superior se interesa por sus asuntos.

Finalmente si los precedentes se le quedan cortos tal vez le interese nuestro producto estrella: el cobarde ambicioso. Para formar parte de este selecto grupo ha de reunir las cualidades antes mencionadas y alguna más. Trame siempre que pueda, urda planes en la sombra, a poder ser con gentuza de su misma calaña, difame, sea un lobo con piel de cordero. Conviértase en un violento. Por lo bajini, claro. Le faltarán gónadas para hacerlo a la cara. Y si algún agredido se le revuelve tergiverse la verdad hasta parecer usted la víctima.

Siguiendo estas sencillas instrucciones puede convertirse en peor persona de lo que jamás se imaginó. Dicen que de los cobardes no hay nada escrito. Es falso; rubrican, con una firma invisible, todo acto de injusticia en los que se ven envueltos.

Publicado en Diario de Almería el 22/09/2020

Fernando Collado Rueda

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