Fernando Collado Rueda

"Cuando el propósito es volver a ser tu"

Si me queréis, irse

Sólo salgo para renovar la necesidad de estar solo (Lord Byron)

“Huye, amigo mío, a tu soledad! Ensordecido te veo por el ruido de los grandes hombres, y acribillado por los aguijones de los pequeños.” Con este verso recomienda Nietzche, en boca del profeta persa Zaratrusta, alejarse del ruido de la ciudad, de los mercachifles y del zumbido de las moscas. Así nos exhorta a quedarnos en soledad para que emerja el pensamiento puro y el sentimiento honesto. Y es que no son pocos los sabios y profetas que recomiendan el aislamiento a fin de poder escucharnos mejor. Jesús se retiró al desierto, Parménides aseguraba que “el camino que inicia en el saber se recorre solo” y Sócrates permanecía alejado, ajeno a los condiciones climatológicos, hasta que elaboraba una idea al completo.   

En un mundo tecnificado, digitalizado e idiotizado hasta la versión 5.5 (sí, con rima) pareciera que la soledad es cosa solo de inadaptados o sociópatas. Vivimos ciberacompañados, ansiando compartir el selfie de posturita y dedos en v con toda nuestra hueste de seguidores. Cambiamos el telón de fondo pensando que alguien nos creerá más exclusivos por fotografiarnos con ese monumento, del que realmente solo nos interesa que no salga otro zombie detrás haciéndose la misma instantánea. En nuestra agenda abundan las entradas de reuniones, quedadas, clases de yoga o crossfit. ¿Acaso reservamos igualmente hueco para estar solos? 

Gente y gente por todas partes. Incluso si la Providencia nos concede un rato de tranquilidad acudimos raudos a invocar al arcángel San Netflix de forma que este llena, en dos dimesiones, nuestro salón de vidas ajenas. Personas, digitales o reales, convertidas en otro producto a consumir, sin mesura e indiscriminadamente.

Existe una soledad sintomática, por supuesto. Como psiquiatra no obviaré que el aislamiento contumaz puede ser indicio de un trastorno que hay que cuidar. Existe también una soledad impuesta. Claro ejemplo es la del anciano que deshoja los últimos días a lomos de sus recuerdos y en brazos de sus fantasmas.Pero aludimos aquí a la soledad de Buda, Platón o Schopenhauer. Nos referimos a la necesidad que nuestra alma y nuestra psique tienen de buscar un lugar y un tiempo en que confrontarse a si mismas y contemplarse. No teman parecer unos frikis, inviertan tiempo en estar con nadie más que ustedes mismos. Solo aprendiendo y disfrutando de la soledad estaremos seguros de que nos acompañan las personas que realmente amamos. 

Fernando Collado Rueda

Psiquiatra

Artículo publicado en Diario de Almería el 04/08/2020

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