Fernando Collado Rueda

"Cuando el propósito es volver a ser tu"

SILENCIO POR FAVOR

Se dice que Pitágoras, Maestro tanto del conocimiento científico como del espiritual, imponía a quienes pretendían ingresar en su Escuela un silencio de hasta cinco años. Esta experiencia proporcionaba a los candidatos la pureza de espíritu y ligereza de mente necesarias para progresar en las enseñanzas del sabio de Crotona.

Imaginemos si hoy nos pidieran un esfuerzo así para ingresar en alguna organización (laboral o docente). Sería impensable, claro. Probemos a plantear cinco meses o incluso cinco días. El requisito sería tachado de excéntrico, los sindicatos de algo (los hay de todo tipo) mostrarían su airada disconformidad y la propuesta moriría apedreada ante furiosos tuiteros de dedo fácil. Es evidente que Pitágoras, actualmente, necesitaría de criterios más laxos para mantener abierta su Escuela. El genio se equivocaba y con él todas las corrientes filosóficas y místicas que promueven el silencio como herramienta para acercarnos a nuestro propio Ser.

Hoy día se lleva otra cosa, por supuesto. Lo suyo es opinar de todo, no pararnos ni un segundo antes de inundar las redes sociales con nuestro agudo discernimiento. Reconocer que uno no sabe de algo (o de casi nada) supone alejarse del hueco reconocimiento de los mediocres. Para triunfar hay que hablar, comunicarse, proyectarse y competir. Callarse es un valor a la baja, propio de perdedores y víctimas de un coach poco estimulador.

Pero sigamos imaginando. ¿Qué sucedería si dedicásemos cinco minutos al día para guardar silencio? ¿Qué pasaría si atendiéramos a nuestro silencio un poco más y escuchásemos un poco menos a nuestra voz interior? El mundano ritmo trepidante se ha frenado en seco, todos lo sabemos. ¿Por qué no aprovecharlo un poco para aprender quédamente?

El silencio es principio y fin, precede al llanto del recién nacido y rubrica el último aliento del moribundo. En psicoterapia los silencios encierran profundos significados, en la música los silencios dan vida a una cadencia de notas ordenadas. En silencio oramos en los templos y en silencio besamos a quienes queremos. Los silencios importan, construyen, trascienden y aman.

Lorca escribía de él que inclinaba frentes al suelo, Benedetti temía profanar su quietud de laguna cristalina, Sartre se defendió de la ocupación nazi construyendo una particular y muda República. Me gustaría preguntarte algo, pero antes de hablar guardemos ambos cinco minutos de…

Fernando Collado Rueda

Psiquiatra

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