Fernando Collado Rueda

"Cuando el propósito es volver a ser tu"

EL VIEJO Y EL BLUES

Hijos de esclavos, perseguidos, discriminados y sobrexplotados. Esas eran las particularidades de los creadores del mayor género musical de todos los tiempos. El Blues se erige hoy como padre y abuelo del rock, el pop y todas las variantes musicales que inundan nuestras radios y listas de Spotify. No es este artículo un homenaje a una música que adoro (ya llegará) si no a sus fundadores. Aquellos negros del Delta, la mayoría analfabetos, supieron transformar un dolor y una pobreza impenitentes en Arte.

A la par que los viejos bluesman arrancaban tristes notas de sus guitarras, al filo de la medianoche, con sus manos encallecidas por el duro trabajo, Freud desvelaba una fuerza del aparato mental destinada a reequilibrar ciertas pulsiones internas. Escribía, a la luz de un tímido candil, que existía un mecanismo de defensa capaz de utilizar la agresividad y la insatisfacción para crear. Lo asimiló a quantums de energía que se agolpaban en la mente y espíritu buscando una noble salida. Y esas creaciones, de igual modo en que los hijos se parecen a sus padres, llevaban improntadas características inherentes a sus creadores.

La insatisfacción, el sufrimiento o la frustración nos son de sobra conocidos. Pero pareciera que existe una corriente negacionista de los sentimientos negativos. Los libros de autoayuda, los azucarillos del café y hasta el WhatsApp del amigo fiel nos invitan a pensar que no merece la pena pasarlo mal, que nosotros valemos mucho más que eso. Un muerto al hoyo y vivo al bollo en versión 2.0.

Pero los conocedores de la verdadera naturaleza humana, quienes no edulcoraron su realidad siempre supieron que sufrir es intrínseco a vivir y que de ello pueden surgir grandes obras. Poetas malditos o músicos olvidados sublimaron su angustia existencial hasta darle una categoría magistral. ¿Por qué no recorrer con ellos el camino que va del dolor a la creación?

«Blind» Willie Johnson perdió la vista con siete años. Su madrastra, por venganza, roció su rostro con lejía. El viejo y ciego Willie forjó un estilo de blues propio, jamás se interesó por la fama y murió víctima de una neumonía tras serle negada la asistencia hospitalaria. Su legado, por contra, es ya inmortal. Su voz viaja a bordo de la sonda Voyager. Fue una de las elegidas para surcar las estrellas en busca de planetas extrasolares y, tal vez, otras formas de vida. Grandes almas en pobres cuerpos.

Fernando Collado Rueda

Psiquiatra

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