Fernando Collado Rueda

"Cuando el propósito es volver a ser tu"

Cultura animal

Aristóteles ya apuntó la posibilidad de una cultura animal. Las evidencias de que esto es posible son hoy abrumadoras.

Los relatos o películas de ciencia ficción resultan, si se fijan bien, un estupendo escaparate donde observar tanto los anhelos como los miedos de la humanidad. Viajar en el tiempo o atravesar la galaxia corresponderían a los primeros. Entre los temores más arcaicos destacaría el fin de la civilización o una invasión alienígena. Algunos relatos famosos han mezclado estos últimos ingredientes representando un mundo donde los animales toman el poder. Todos recordamos aquella película donde los simios nos sometían. Y aquí es importante subrayar que tememos lo que no entendemos.

Si bien no existe aún consenso absoluto sobre el término “cultura” consideramos que esta existe cuando aparece un patrón de estructura social y costumbres que resulta común a una población. Entendemos, asimismo, que esos patrones los transfieren unos individuos y los aprenden otros.

Ya Aristóteles desarrolló la posibilidad de una cultura animal pero no fue hasta Darwin cuando el concepto recobró fuerza. Hoy sabemos que una cosa es el traspaso de información que aportan los genes y otra la que ofrece el grupo. Ciertas colonias de bonobos lavan los tubérculos en el río antes de comérselos mientras que otras colonias de la misma especie no lo hacen. Los cetáceos mantienen auténticas conversaciones, de las que aún desconocemos su significado. Los miembros de las familia se agrupan y reconocen entre sí gracias a esos sonidos, que resultan diferenciales de otras ballenas o delfines. Los elefantes y los chimpancés reconocen y sienten la muerte de un miembro de su grupo. Velan el cadáver e incluso vuelven cada cierto tiempo a visitar sus restos. 

E incluso, sin irse tan lejos, hoy sabemos que los gorriones que sobrevuelan los árboles de nuestro barrio se comunican en un idioma sustancialmente distinto que los que habitan en otra ciudad. 

Todo esto lo aporta la transferencia cultural, no la genética. Y podríamos ir un poco más allá. En otros reinos (plantas u hongos) también existe comunicación específica entre miembros de la misma especie y colonia. Estas investigaciones son aún la vanguardia de lo que está por venir. 

Durante siglos los humanos nos hemos apropiado del término cultura pero cada día está más claro que, en realidad, es inherente a cada especie.

Aceptamos que los animales tienen, por ejemplo, esqueletos animales pero aún nos cuesta reconocer que igualmente posean mente y cultura animal. ¿Por qué?

Publicado en Dario de Almería el 17/05/22

Comentarios

Los comentarios están cerrados.

Sana Mente

"La mayor rémora de la vida es la espera del mañana y la pérdida del día de hoy"

Lucio Anneo Séneca

Listado de Categorías

Contacto