Fernando Collado Rueda

"Cuando el propósito es volver a ser tu"

Manos a la obra

Por qué las actividades manuales resultan preventivas y terapéuticas para nuestra salud.

Si buscan en Internet el “homúnculo de Penfiled” en seguida encontrarán una suerte de hombrecillo grotesco con unas medidas corporales un tanto extrañas. Comprobarán, asimismo, que una parte del cuerpo destaca por encima de cualquier otra: las manos.

Allá por la década de los años 40 el Dr. Penfield, junto con sus colaboradores, quisieron desarrollar un mapa que representara la distribución sensorial y motora de nuestro cerebro. Estimulaban con electrodos un área de corteza y observaban qué respuesta corporal se apreciaba. De ese modo comprobaron fascinados que a los labios, la lengua y sobre todo las manos les correspondía una enorme cantidad de corteza motora en comparación con el resto de zonas corporales. Y por ello al homúnculo le concedieron esas curiosas proporciones. 

Esto quiere decir, por tanto, que nuestro cerebro tiene una gran parte del mismo dedicada a trabajar con las manos. Si analizamos someramente nuestro descubrimiento desde una perspectiva evolutiva apreciamos un correlato lógico. El primer gran salto que dimos los homínidos vino con nuestra capacidad para fabricar herramientas y manejarlas progresivamente con mayor pericia. No fue hasta mucho tiempo después cuando incorporamos, ya como “homo sapiens”, la capacidad del pensamiento abstracto.

Y todo esto, desde el punto de vista de la salud mental, tiene una gran importancia. De forma casi insidiosa hemos ido adaptando un estilo de vida muy cognitivo y poco manual. La lectura, las pantallas, Internet, el metaverso, el teletrabajo, etc. Una gran parte de nuestro día a día conduce a navegar con nuestro cerebro a través de un océano de ideas y pensamientos. Dependiendo de nuestro oficio pueden transcurrir semanas sin que prácticamente tengamos necesidad de usar nuestras habilidades manuales innatas. Y esto, como estamos viendo, va en contra de nuestra naturaleza. Estamos diseñados para manejar esos interesantes apéndices llamados manos. 

El trabajo manual mejora la concentración, la atención y por supuesto la psicomotricidad, tanto fina como gruesa. Reporta, además, beneficios emocionales puesto que a todos nos resulta satisfactorio ver concluidas nuestras pequeñas obras.

Realizar actividades manuales, en cualquiera de sus formas, resulta un importante activo de salud. Tanto para usarlas preventivamente como para hacerlo de un modo curativo no lo duden: echen mano de las herramientas y a trabajar.

Publicado en Diario de Almería el 01/02/22

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