Fernando Collado Rueda

"Cuando el propósito es volver a ser tu"

Mentes trashumantes

De como la trashumancia encierra la simbología de un mundo que ya no entendemos.

Es habitual que, en determinadas estaciones del año, la televisión nos ofrezca imágenes que hoy destacan por pintorescas. La trashumancia surge debido a la alternancia de recursos disponibles en función del pulso climático e hidrológico de las comarcas. Los pastores trasladan sus rebaños viajando en invierno hacia las dehesas del sur para subir en verano hacia pastizales de altura. Estos desplazamientos se realizan con regularidad temporal matizada por la improvisación adaptativa a los fenómenos circunstanciales.

Es interesante saber que la red de vías pecuarias o cañadas reales fija su diseño original en las primigenias rutas migratorias de los grandes herbívoros de la antigüedad. Así, los primeros cazadores se moverían detrás de rebaños salvajes de ñus y bisontes. Y, evolutivamente, cuando los hombres adquirieron la capacidad del pastoreo continuarían transitando las mismas veredas año tras año. 

La dualidad entre dos formas de estar en el mundo (protección u oportunidad) se refleja en relatos bíblicos como el de Caín y Abel. El primero era agricultor, tenía una morada fija y transformaba el paisaje. El segundo, Abel, era por el contrario pastor y vivía adaptándose al medio que habitaba. 

Autores como Heidegger han visto en el trashumante un modo pleno de ser. Y si bien no se trata de “echarnos todos al monte”, sí cabe adquirir ciertos elementos para su reflexión ulterior. Para el filósofo se habita en base a una cuaterna esencial: sobre la tierra, bajo el sol, hacia las divinidades y en tanto que mortales. El pastor mira siempre hacia arriba. Calcula la hora según la posición del sol y calibra los efectos del nubarrón venidero. Vive de cara al cielo. Es en esa bóveda, donde todas las culturas han construido su cosmogonía, donde habitan los dioses y donde viajamos cuando dejamos la tierra. Es esta tierra la que pisa, sin los artificios del asfalto; es la tierra que transita y sobre la que duerme. En los lugares donde el cielo y la tierra parecen unirse (rayos) se erige una ermita a Santa Bárbara. En ese devenir por el mundo asola un peligro que te convierte en el más mortal de los semidioses y el más divino de los mortales.Concluiría que en la trashumancia se hace manifiesto el “dejar ser”. No se trata de transformar el medio ni de blindarnos frente a toda inclemencia sino de hacer una lectura constante de las oportunidades naturales y movernos en consecuencia.

Publicado en Diario de Almería el 25/05/21

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