Fernando Collado Rueda

"Cuando el propósito es volver a ser tu"

Angustia existencial

¿Cómo nos afectan los conflictos que emanan del enfrentamiento del individuo con la existencia?

“¿Llegamos a disipar o a disminuir nuestra angustia? Lo cierto es que no podríamos suprimirla puesto que nosotros mismos somos angustia.” Así consideraba Sartre que los seres humanos nos manejamos frente a los terrores existenciales. Sin tratar de corregir al genio, faltaría, un servidor tiene una visión más optimista del asunto. Pero si arranco la columna con esa sentencia es porque entiendo que la angustia, en sus diferentes versiones, está presente en nuestro aparato mental  condicionando el devenir vital.

Cabe preguntarse primero a qué nos referimos con angustia. Tengan en cuenta que no aludimos al ingente decálogo de miedos simples que existen. Tenemos clasificadas la fobia a los espacios cerrados, a los abiertos, a las multitudes, a la soledad, a las arañas, los perros, etc. Pero estos son miedos a situaciones y elementos concretos. Toda vez que se trata la respuesta al estímulo aversivo el individuo respira con alivio. 

La angustia sugiere algo mucho más profundo y atávico. Supone un conflicto que emana del enfrentamiento del individuo con los supuestos básicos de la existencia. Siendo estos supuestos las preocupaciones esenciales que forman parte de la existencia del ser humano a su paso por el mundo.

Yalom describe cuatro angustias básicas: la muerte, la libertad, el aislamiento y la carencia del sentido vital.

La primera de ellas, la muerte, surge al enfrentarnos al destino final de todo ser vivo. La tensión que genera el conflicto entre el deseo de seguir siendo y la conciencia de la inevitabilidad de la muerte puede generar diferentes síntomas en nuestra psique.

La libertad, aunque a menudo es asociada a un valor positivo, lleva aparejada la responsabilidad absoluta de decidir. ¿Cuántas veces han deseado no tener que elegir?

El aislamiento como tercera desazón implica la existencia de una barrera infranqueable entre nosotros y el resto del mundo. Con independencia de las relaciones que cultivemos nacemos y morimos solos.

Finalmente nos enfrentamos a la carencia de sentido vital. Si estamos condenados a morir, si debemos trazar nuestro propio camino, si en última instancia estamos solos, ¿qué debemos hacer para dotar de sentido nuestra vida?

En los próximos artículos nos sumergiremos en cada una de estas tribulaciones. Veremos cómo pueden condicionarnos, sin ser conscientes siquiera de ello, y señalaremos algunos caminos conducen al conocimiento reflexivo.

Publicado en Diario de Almería el 16/03/21

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