Fernando Collado Rueda

"Cuando el propósito es volver a ser tu"

Más tontos que nunca

Los tontos abundan y se multiplican, baste un vistazo rápido al panorama para darse cuenta

Hace poco me hice una pregunta que suelo repetirme periódicamente. ¿Es posible que haya más tontos sueltos que nunca? Ocasiones anteriores solía consolarme pensando que habría más o menos los mismos aunque con más capacidad para ser vistos gracias a las redes sociales. Pero esta vez tiré de ciencia y lamentablemente descubrí que la respuesta es afirmativa. Hay países que llevan más de cuatro décadas haciendo test de inteligencia de modo sistemático a grupos poblacionales (militares, estudiantes, funcionarios, etc.). Los resultados son poco alentadores. Tal como sucede con la fertilidad las cifras medias de cociente intelectual apuntan a un vertiginoso descenso. Igual, ahora que lo pienso, la naturaleza ha decidido que si vamos a ser aún más torpes debemos reproducirnos menos.  

El caso es que da la impresión de que los tontos abundan y se multiplican. Baste un vistazo rápido al panorama para darse cuenta. Tontos de capitolio (en lugar de capirote) que se juegan la democracia y la vida haciéndole caso a un impresentable. “Tontolabas” que aseguran que las vacunas no salvan vidas y no se las ponen a sus hijos. Tontos de remate que, viendo que el termómetro de su pueblo marca bajo cero, berrean que el cambio climático es mentira. Y así podríamos seguir…¡indefinidamente!

Hay tontos por doquier y, no se engañen, están en todos sitios. No hay profesión ni ámbito que se salve. Uno creyera que cierto nivel de estudios pudiera ser garantía y antídoto contra la tontuna pero ni por esas. 

Al tonto se le reconoce, sobre todo, porque no se baja nunca del burro. Las barbaridades que suelta por su boca y las idioteces que comete las justifica con un argumento simplista del que no se mueve ni un milímetro. 

La segunda característica del lelo es que suele ser un vago. Opinar con fundamento y rectificar una posición exige leer, estudiar, reflexionar. Nada de eso va con el tontucio, más dado a dejarse llevar por otro aún más zopenco o más malvado.

La tontería, tanto individual, como colectiva es un peligroso agente contra la salud mental. Te enervan y te agotan. No se puede razonar con ellos, no se les puede disuadir de su propósito, son erráticos. Casi es peor que cejen en su empeño porque capaces son de iniciar una estupidez nueva aún más gorda. No sé ustedes pero yo aún no he encontrado otro sistema que apartarme de ellos. Si pueden, no siempre es fácil, aléjense del tonto todo lo posible. 

Publicado en Diario de Almería el 12/01/21

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